Hay historias que necesitan tiempo para poder ser contadas. La de Mariano, docente de música, comenzó mucho antes de que pudiera nombrar aquello que sentía y construir una identidad con la que pudiera reconocerse.
Durante años vivió ocultando una parte de sí mismo. En su infancia, mientras los demás podían expresarse con libertad, él tuvo que aprender a guardar preguntas, sentimientos y una identidad que todavía no encontraba la manera de mostrar.
La música y el arte se convirtieron en un refugio. A través de ellos pudo expresarse, procesar experiencias difíciles y, con el tiempo, encontrar herramientas para construir su propia identidad.
Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando decidió presentarse ante sus alumnos como Mariano. No hubo grandes explicaciones ni preguntas incómodas.
“Buen día, profe Mariano”, le dijeron.
La naturalidad de aquel gesto quedó grabada en su memoria. Para sus alumnos, simplemente era su profesor. Una persona a la que conocían y respetaban, más allá de cualquier etiqueta.
“No jugaba a ser un nene, ya lo era”, expresa Mariano al reconstruir su historia.
Su recorrido también está atravesado por vínculos familiares complejos. Su papá todavía utiliza el nombre de mujer con el que nació y sus hermanas aún no leyeron el libro que escribió para contar su historia. Son partes de un proceso que continúa y que también habla de los diferentes tiempos que puede necesitar cada persona para comprender, aceptar y acompañar.
Hoy Mariano elige contar su experiencia desde otro lugar: desde la posibilidad de transformar aquello que durante mucho tiempo permaneció escondido en una historia que puede ayudar a otras personas.
Su testimonio forma parte de #Voces, un espacio para conocer historias de vida, experiencias y miradas que invitan a reflexionar sobre identidad, vínculos, acompañamiento y diversidad.